Lo sagrado - Fabiana Fondevilla
..."nada queda, en verdad, fuera de la órbita de lo sagrado, porque no se trata de un lugar ni de un objeto, sino de una forma de mirar y sentir el mundo."
20 julio, 2018 | Por Sophia
Fabiana Fondevila: “Lo sagrado es la percepción de lo más valioso, de lo esencial”
Cuando algo nos causa asombro, nos conectamos con lo trascendente, nos salimos del tiempo y permanecemos en un puro presente, dice la periodista Fabiana Fondevila. En su último libro, nos recuerda que si nos dejamos atravesar por esa emoción, nos recordamos a nosotros mismos que vivimos en un mundo permeado por lo sagrado.Por Carolina Cattaneo.
Las nubes se corrieron y el sol reaparece con prepotencia en Buenos Aires, después de veinte días ininterrumpidos de lluvia. Son las nueve de la mañana de un viernes de otoño, Fabiana Fondevila no quiere desaprovechar esos rayos tibios y elige dar la entrevista telefónica desde su jardín, un espacio verde despeinado por la belleza de enredaderas salvajes, hierbas aromáticas y plantas medicinales y comestibles. Es probable que esta mañana su casa –donde habitan sus dos hijos y su marido, libros e instrumentos musicales– huela, como muy habitualmente, a pan casero. Ese aroma se puede percibir al otro lado de la línea con apenas un poco de intuición: conocemos a Fabiana Fondevila; ella escribe para Sophia desde hace siete años. Las lectoras la conocen a través de sus notas y nosotras, por la cercanía cotidiana. Periodista de raza (cubrió acontecimientos históricos y entrevistó a personalidades como Ray Bradbury o Susan Sontag), Fabiana es exploradora de la inteligencia vincular y de lo sagrado cotidiano, guía de talleres en los que invita a acercarse íntimamente a las emociones y escritora. Su último libro, Donde vive el asombro. Prácticas para cultivar lo sagrado en la vida cotidiana (Random House Mondadori, 2018), es la razón por la que deja por un rato su rol habitual y ocupa esta vez el espacio de entrevistada.
Instrucciones para vivir la vida:
Prestar atención.
Rendirse al asombro.
Contarlo.
Un poema, en este caso de Mary Oliver, da comienzo al libro. No es casual. Fabiana Fondevila suele empezar y cerrar con lecturas poéticas los encuentros que promueve, como si buscara recurrir, con ese rito, a un halo sutil que envuelva a las personas que la acompañan y haga que se sientan una y, a la vez, parte de un todo mayor. Como una clase de plantas nativas o un taller sobre el mito del viaje de la heroína, así también empieza su libro.
El viaje del héroe, una película más grande
“El pico visionario” es una de las estaciones de Donde vive el asombro… Sus páginas ayudan a comprender, desde una mirada mítica, que “el camino que llevamos recorrido es mucho más que un hilván de sucesos azarosos”, y que si subiéramos a la cima de una montaña y viéramos nuestra vida desde arriba, veríamos “hasta el más arduo de nuestros problemas como una figura más de nuestro teatro de sombras”. El viaje del héroe es, como los carteles al costado de una ruta, el relato que Fabiana Fondevila eligió para guiar al lector en esta estación del mapa. “El viaje del héroe está inscripto en una mirada mayor, que es la mirada mítica. Es una explicación, un término que utiliza Joseph Campbell, para hablar de un gran mito que subyace a todos los mitos. Campbell encontró que los mitos de las distintas culturas contaban la misma historia: que la vida de todo ser humano es un camino que consiste en dejar el hogar, sortear dificultades, matar al dragón, encontrar un tesoro y regresar a casa con él. Es la historia de la evolución humana y representa los pasos que atravesamos para convertirnos en quienes somos realmente, en una versión auténtica de nosotros mismos”, dice la autora, y evoca un fragmento de Campbell que ella describe como “hermoso”. Es aquel en el que el mitólogo estadounidense dice: “Ni siquiera el camino es desconocido, miles de héroes lo han transitado antes que vos. El camino está cartografiado, y donde pensabas que te encontrarías con el demonio, te encontrarás con un Dios. Y cuando pensabas que matarías al dragón, te matarás a ti mismo”. Fabiana Fondevila interpreta el mito del viaje del héroe como un mapa en sí mismo, que cuenta de qué se trata la vida. “Un ejemplo cotidiano: te vas de tu casa cuando te emancipás, y eso es un flor de dragón, es un desafío que debés superar y del que tenés que salir airoso: es necesario que encuentres un trabajo y te ganes la vida. Quizá formes una pareja y tengas hijos; después vas a envejecer y morir. Todo eso tenés que poder enfrentarlo. Esto requiere un continente mayor que las pequeñas fuerzas personales, una dimensión mítica y sagrada que te cuente una película más grande y que haga lugar al misterio”.Donde vive el asombro. Prácticas para cultivar lo sagrado en la vida cotidiana está organizado en capítulos que, en realidad, la autora eligió llamar “estaciones”. Cada una busca, con abundante base teórica y propuestas vivenciales, “restaurar las cualidades del corazón que nos ayudan a ver, apreciar y celebrar lo sagrado en los pequeños sucesos de cada día, y a través de ellos, la vida misma”. Con preguntas y respuestas, nos dejamos guiar por ese mapa y recorremos con ella sus estaciones.
–Partamos de la primera parte del título de tu libro. ¿Qué es el asombro?
–El asombro es una emoción y también es una virtud que nos conecta de inmediato con lo trascendente. Aparece cuando estamos en presencia de algo tan vasto, tan grande en número, tamaño o dimensión, que no lo podemos comprender ni abarcar. Puede ocurrir espontáneamente con escenas de la naturaleza: ante un cielo estrellado, una catarata, una montaña, el océano. En esos momentos, el pensamiento se suspende y el pequeño yo que vive recordando o anticipándose, preocupándose, tironeado por la sucesión de hechos que conforman nuestra vida, se disuelve. Al estar en contacto directo con el misterio, nos salimos del tiempo y permanecemos en un puro presente. La percepción paradójica es que nos sentimos diminutos ante la inmensidad que estamos presenciando, y a la vez infinitos, porque formamos parte de eso que vemos.–La segunda parte del título de tu libro es “Prácticas cotidianas para cultivar lo sagrado en la vida cotidiana”. ¿Dónde se encuentran el asombro y lo sagrado?
–El asombro es una de las emociones que nos produce lo sagrado, al igual que la gratitud, la alegría, la inspiración, la compasión. Porque lo sagrado es la percepción de lo más importante, de lo más valioso, de lo esencial. Y eso, que es importante y valioso para cada uno, nos conmueve. Entonces, el camino es doble: nos dejamos atravesar por el asombro que se nos presenta por sí solo, y lo buscamos con conciencia e intención, para recordarnos a nosotros mismos que vivimos en un mundo permeado por lo sagrado.–Es difícil definir “lo sagrado”.
–Sí, porque no es un concepto intelectual, es una vivencia y cada uno la reconoce cuando la siente, y después le cuesta ponerla en palabras. Hablamos de lo numinoso y lo numinoso es inefable; las palabras son el dedo que apunta a la luna. Puede costarnos explicarlo o definirlo, pero en la vivencia no hay dudas. Y no hace falta que se trate de vivencias solemnes ni grandilocuentes. Lo sagrado es la sensación de la importancia última que no se puede catalogar ni dividir en pedacitos, de algo que es maravilloso y misterioso y no se puede explicar.–En el libro te referís a dos movimientos de conexión con lo espiritual, y decís que es bueno que ambos se complementen y enriquezcan mutuamente. ¿De qué se tratan?
–De cómo nos hemos comunicado con lo sagrado, con lo divino, con lo espiritual, desde el comienzo de los tiempos. Platón ya hablaba de esto como “dos corrientes de energía divina”. Una corriente –la ascendente, o trascendente– se interesa por la fuente única e impersonal, que dio nacimiento a las múltiples formas. Esa es la versión de las religiones, más puntualmente las monoteístas. El vínculo devocional es con esa fuente, no tanto con sus manifestaciones aquí en la Tierra. La fuente, al no estar encarnada, es una, no es múltiple, no hay matices. Entonces, si yo quiero ir ahí, una vía son los rezos que se dirigen a esa fuente y le agradecen, le imploran o le piden perdón. Otra vía es ir a buscar el silencio dentro de uno. A esta primera corriente no le interesan tanto las formas y manifestaciones, “la Creación”, en términos religiosos, sino la fuente misma, que no tiene forma, género ni características; es el “más allá”.–¿Y en qué consiste la forma descendente de espiritualidad?
–A esta versión le interesa el “más acá”, las muchas formas en que se expresa la fuente en la Tierra, cómo se despliega acá. Las tradiciones de sabiduría que adoptan esta visión son más antiguas; son las culturas paganas, chamánicas, matriarcales, en las que la atención está centrada en las manifestaciones de la fuente. Cada una pone su énfasis en distintas expresiones: algunas lo ponen en las plantas, otras en los animales. Esto lo describe muy bien Joseph Campbell: las culturas agricultoras encontraban a los dioses encarnados en sus labores diarias, había dioses de la siembra y de la cosecha. Esta orientación lleva un sello femenino: las mujeres siempre nos hemos ocupado de los niños, los ancianos, los enfermos, los moribundos, de la comida y los quehaceres domésticos; entonces, lo sagrado no podía estar en otro lado que acá mismo, entre nosotros.–¿Cultivar lo sagrado es una opción?
–Como es una vivencia, no se trata de si lo sagrado está o no está, como si estuviera o no presente un objeto, sino de si uno lo percibe o no lo percibe. En esencia, lo sagrado está en todas partes, pero no en todos aparece como una preocupación, una visión o siquiera una percepción. Es igual que con el amor (otro nombre para lo mismo): el amor está en todas partes, pero no se hace carne de la misma manera en todos. En estos casos, no es que no esté presente, sino que no aparece en su plena dimensión.
Estaciones de un mapa posible
“El vergel”, “El jardín secreto” y “La aldea” son tres de las “estaciones” de Donde vive el asombro... Ellas hablan de cómo las personas se vinculan con lo sagrado; en palabras de Fabiana Fondevila, “caminos transitados donde la humanidad ha encontrado reparo, sentido y profunda conexión”.
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