Sombras en sueños -
Uno de los principios centrales del trabajo de sueños es aprender cómo volverse curioso y eventualmente acogedores con, las figuras ambiguas, repulsivas, aterradoras que aparecen en nuestros sueños. Estos "invitados oscuros" son lo que Jung llamó la Sombra.
Ya sea mediante formas de exilio personales, culturales o ancestrales, todos nos distanciamos de las partes de nosotros mismos que son devaluadas, desalentadas o desatendidas. Eventualmente, esas partes rechazadas se vuelven extrañas, incluso para nosotros. Las llamo aspectos refugiados del ser porque ellos son marginados, privados de sus derechos, y exiliados de su pertenencia. Ellos están, en un sentido viviendo en los márgenes de nuestra consciencia. Ellos buscan volver a pertenecer a nosotros toda nuestra vida y el primer lugar en que se muestran es en sueños violentos, perturbadores o tristes.
Cuando algo es evitado, rechazado o negado, en realidad no desaparece sino que pasa a la clandestinidad, dentro del inconsciente, donge gana fuerza y poder. Puede comenzar a comernos desde adentro hacia afuera. Si no pueden alcanzarnos a través de nuestros sueños, estos oscuros visitantes comienzan a manifestarse en ansiedad, depresión y estallidos de ira, e incluso crisis físicas, como enfermedad o accidentes.
Así que en lugar de huir de la dificultad en el trabajo con los sueños practicamos girando hacia lo que nos está persiguiendo. Incluso podemos invitarlo para intensificar su expresión, así podemos encontrar lo que realmente quiere.
Para darle un ejemplo, digamos que usted sueña con un lobo persiguiéndolo. Está aterrorizado por que el lobo lo alcanzará y lo devorará. ¿Pero si usted deja de correr y se gira para enfrentarlo? En este acto de hacer un encuentro con lo que le aterroriza, la dinámica casador/corredor sería forzada a cambiar. ¡Tal vez usted le pregunta qué quiere y él se transforme en una figura que habla!. O tal vez se lanza a tomar su mano con sus dientes, pero para su sorpreza, el no le hace ningún daño. En cambio, su contacto se hace suave y lleno de misterio telepático. De repente usted comprende cómo el lobo pasa de sus instintos protectores y fuera de una lealtad feroz a su manada. Reconoce que la mordida del lobo tiene un deseo velado de conocerlo y ser conocido por usted. E instantáneamente e sclaro que ha estado huyendo de sus propios instintos más poderosos. Se pertenecen uno al otro, el lobo y usted; ha sido iniciado en la pertenencia del uno al otro.
Aquí es donde el trabajo con los sueños y pertenecer casi se vuelven sinónimos para mí. El sueño nos pide habitar mejor nuestros sentimientos, que es otra forma de decir pertenencer a la verdadera amplitud de nuestra experiencia.
Hay algo mágico que sucede con el trabajo con la sombra que es el reconocimiento de que la mayor parte de nuestra sombra es oro puro. Hay mucha creatividad, vida, vitalidad e inteligencia que se hace accesible para nosotros a medida que la sombra es integrada en la vida. Toda la energía que una vez gastamos evitándola y escondiéndola o representando, es liberada para propósitos más creativos.
Hay una cualidad especial de quietud en una persona que encuentra su sombra desde el corazón. Su cuerpo puede relajarse en su compañía porque comprende, en las comunicaciones sutiles de su presencia, que nada está excluido de ellos mismos, o de usted, de pertenecer.
Tal persona, que ha renunciado a protegerse de la sombra, que ha llegado a llevar sus cicatrices con dignidad, ya no se retuerce de la incomodidad o se resiente del sufrimiento. Ya no se refuerzan para evitar el conflicto. Llevan una profunda voluntad para danzar con la inconstancia de la vida. Ellos han renunciado a distanciarse como estrategia y han hecho de la vulnerabilidad su aliada.
Ya sea mediante formas de exilio personales, culturales o ancestrales, todos nos distanciamos de las partes de nosotros mismos que son devaluadas, desalentadas o desatendidas. Eventualmente, esas partes rechazadas se vuelven extrañas, incluso para nosotros. Las llamo aspectos refugiados del ser porque ellos son marginados, privados de sus derechos, y exiliados de su pertenencia. Ellos están, en un sentido viviendo en los márgenes de nuestra consciencia. Ellos buscan volver a pertenecer a nosotros toda nuestra vida y el primer lugar en que se muestran es en sueños violentos, perturbadores o tristes.
Cuando algo es evitado, rechazado o negado, en realidad no desaparece sino que pasa a la clandestinidad, dentro del inconsciente, donge gana fuerza y poder. Puede comenzar a comernos desde adentro hacia afuera. Si no pueden alcanzarnos a través de nuestros sueños, estos oscuros visitantes comienzan a manifestarse en ansiedad, depresión y estallidos de ira, e incluso crisis físicas, como enfermedad o accidentes.
Así que en lugar de huir de la dificultad en el trabajo con los sueños practicamos girando hacia lo que nos está persiguiendo. Incluso podemos invitarlo para intensificar su expresión, así podemos encontrar lo que realmente quiere.
Para darle un ejemplo, digamos que usted sueña con un lobo persiguiéndolo. Está aterrorizado por que el lobo lo alcanzará y lo devorará. ¿Pero si usted deja de correr y se gira para enfrentarlo? En este acto de hacer un encuentro con lo que le aterroriza, la dinámica casador/corredor sería forzada a cambiar. ¡Tal vez usted le pregunta qué quiere y él se transforme en una figura que habla!. O tal vez se lanza a tomar su mano con sus dientes, pero para su sorpreza, el no le hace ningún daño. En cambio, su contacto se hace suave y lleno de misterio telepático. De repente usted comprende cómo el lobo pasa de sus instintos protectores y fuera de una lealtad feroz a su manada. Reconoce que la mordida del lobo tiene un deseo velado de conocerlo y ser conocido por usted. E instantáneamente e sclaro que ha estado huyendo de sus propios instintos más poderosos. Se pertenecen uno al otro, el lobo y usted; ha sido iniciado en la pertenencia del uno al otro.
Aquí es donde el trabajo con los sueños y pertenecer casi se vuelven sinónimos para mí. El sueño nos pide habitar mejor nuestros sentimientos, que es otra forma de decir pertenencer a la verdadera amplitud de nuestra experiencia.
Hay algo mágico que sucede con el trabajo con la sombra que es el reconocimiento de que la mayor parte de nuestra sombra es oro puro. Hay mucha creatividad, vida, vitalidad e inteligencia que se hace accesible para nosotros a medida que la sombra es integrada en la vida. Toda la energía que una vez gastamos evitándola y escondiéndola o representando, es liberada para propósitos más creativos.
Hay una cualidad especial de quietud en una persona que encuentra su sombra desde el corazón. Su cuerpo puede relajarse en su compañía porque comprende, en las comunicaciones sutiles de su presencia, que nada está excluido de ellos mismos, o de usted, de pertenecer.
Tal persona, que ha renunciado a protegerse de la sombra, que ha llegado a llevar sus cicatrices con dignidad, ya no se retuerce de la incomodidad o se resiente del sufrimiento. Ya no se refuerzan para evitar el conflicto. Llevan una profunda voluntad para danzar con la inconstancia de la vida. Ellos han renunciado a distanciarse como estrategia y han hecho de la vulnerabilidad su aliada.
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