Fragmento de El hombre del Teléfono - Margarita Rosa de Francisco

..."Mi mente no reconoce el cuerpo que piensa, está constantemente incómoda, como si fuera parte de un mecanismo que no termina de encajar. La certeza de que esa arbitraria hermandad entre cuerpo y alma es un capricho del miedo a ser mortales me causa una soledad devoradora, del mismo calibre de la que sentía en el Bus del Colegio V, o durante la entrevista de la paciente y el psiquiatra transmitida por televisión. En ese instante siento que no soy yo la que vive ni la que piensa, sino una forma sin consistencia, sin peso real, y mi cuerpo, un pedazo de carne o de tela, un girón o un cartílago colgando de un último hilo de sustancia. Es el miedo a desaparecer, a no ser, a confundirme en ese Todo que tanto fascina a los espiritualistas, o en esa Nada demoledora de los nihilistas, o en ese Dios, palabra estéril para darle un nombre a esa misma Nada de donde nace Todo.
El hombre del teléfono trivializaba con sabiduría esa severa indigestión existencialista y me desafiaba a permitir esa separación: "Un día de éstos, cuando le pase eso, no luche; deje que se le salga el alma a ver hasta dónde llega".
Tal vez hay una sola alma universal aparentemente dividida en millones de individuos que viven el sueño de estar separados los unos de los otros; y la muerte, también aparente, no sea más que un despertar para tener la oportunidad de comprobarlo una y otra vez, por los siglos de los siglos, en ese umbral donde todo se olvida para poder continuar por caminos más sutiles el camino de regreso a la unidad. "

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