Imago, complejo y arquetipo

La experiencia que un niño tiene de su madre en parte está formada de sus percepciones de su madre real. Pero también de sus propias reacciones subjetivas frente a ella, de la proyección de sus sentimientos y de influencias arquetípicas. La combinación de sus diversas influencias constituye la imago materna; una representación inconsciente dinámica orientando selectivamente la forma en que el niño la comprende.
Los complejos son fragmentos psíquicos que componen el inconsciente personal, al igual que el inconsciente colectivo está compuesto por arquetipos. Según Jung, toda experiencia emocional se transforma en complejo, pero un complejo también puede verse como la expresión de un arquetipo. Así, el complejo-Madre está en parte informado de las experiencias emocionales del niño con su madre. También es la expresión psíquica del arquetipo de la madre manifestado como un modo típico de reacciones, evaluaciones y fantasías.
Resumiendo, un arquetipo, en el sentido junguiano, es un organizador inconsciente y estructurante del psiquismo. El arquetipo de la madre corresponde a una capacidad innata de reconocimiento de la relación de maternaje. Lo encontramos por ejemplo proyectado en la mitología en la figura de la Gran Madre. Pero el niño lo proyecta puede que igual en su madre real. Sin embargo, tiene un aspecto positivo de madre amorosa y un aspecto negativo de madre terrible. De manera que en cada fase del desarrollo, el niño percibirá a su madre a la vez como buena y mala...
La influencia de una madre sobre sus hijos no está entonces limitada a lo que corresponde a sus características reales. Sus efectos sobre ellos también se derivan también de las proyecciones arquetípicas que hacen sobre ella. Y los efectos positivos como negativos de la influencia del arquetipo de la madre son diferentes en el hijo y en la chica.

Madre e hijo

El complejo madre cristaliza en el hijo la forma en que reaccionará al sexo opuesto. Como su percepción de su madre está mezclada con influencias de caracteres sexuales opuestos, la formación del complejo-Madre se complica en él de la influencia del anima.
El anima es una estructura arquetípica que corresponde a la parte interior opuesta sexual del hombre. Compensa su actitud consciente sobre el eje femenino-Masculino que le es propia y corresponde a un conjunto fluido y cambiante de manera de ser, de comprender al mundo, de pensar y de actuar percibido por él como perteneciente al sexo opuesto. Se proyecta mientras que sea diferenciada.
Con una anima no diferenciada del complejo-Madre, el hijo permanecerá como congelado en una nube de dudas, inseguridad, pensamientos que le impedirán actuar o llevar a cabo sus acciones. A veces caerá bajo el dominio de mujeres asfixiantes recordando el dominio materno. También podrá encontrar mujeres fatales que lo degradarán después de haberlo atrapado en sus redes. Con una heterosexualidad que se mantiene atada inconscientemente a su madre, eventualmente elegirá la homosexualidad. O bien se transformará en don Juan que busca sin saberlo, su madre en cada mujer. A menudo tendrá fantasías eróticas ordinarias y a veces se volverá impotente.
En la medida en que el hijo haya podido establecer una buena relación con el anima, el complejo-Madre podrá tener efectos "positivos". Elevación de los objetivos, perseverancia, diferenciación fina del eros, transformación del "donjuanismo" en virilidad... el anima también podrá provocar el nacimiento de un poderoso sentimiento de amor hacia una mujer. También podrá revelar su función en relación al inconsciente bajo los rasgos de una inspiración, de una guía hacia el interioridad en dirección al Sí mismo.

Madre e hija

En la hija, los posibles efectos del complejo-madre van desde la hipertrofia a la inhibición de los instintos, y desde la identificación con su madre hasta la defensa absoluta contra ella.
En una hija con instintos hipertrofiados, el eros no se desarrolla sino como relación maternal pero permanece inconsciente. Ella no reconocerá a su esposo sino una función procreadora. En lugar del amor su instinto maternal será projectado con una voluntad de potencia destructiva y peligrosa para su propia personalidad y la vida de sus hijos.
En una hija con isntintos inhibidos, el instinto maternal puede llegar a desaparecer. Un eros subdesarrollado la conduce entonces a menudo a una relación incestuosa inconsciente con su padre. Ella desarrolla fuertes celos hacia su madre y un deseo permanente de sobrepasarla.
Si el eros no es acentuado, la hija se identifica con su madre a la que permanece dedicada por un deseo inconsciente de dominarla. Ella podrá separarse si un hombre no llena el vacío de sus instintos proyectando su anima sobre ella. Es preciso también que adquiera una verdadera consciencia de Si-misma. De lo contrario, proyectará sus propios talentos en su pareja aún si el no los posee realmente.
En el caso de establecer una defensa contra la madre, esta defensa eclipsa el resto. Todos sus comportamientos son entonces opuestos a los de su madre. El resultado es que todos los procesos instintivos (sexualidad, deseo de hijos...) encuentran dificultades porque pasan a un segundo plano. Ella atrae entonces hombres que tienen necesidad de liberarse de su madre y el conflicto que nace de esta doble atracción inconsciente puede provodar un mayor conocimiento de Si-mismos. Ella podrá beneficiarse de este movimiento tomando consciencia de su propio rol liberador, incluso llenándolo conscientemente.

De la separación a la asimilación...

La separación de la madre no consiste solamente en romper el apego haciendo consciente la identificación inconsciente con figuras y contenidos psíquicos extraños. Pues una vez desatados los lazos de la proyección, el trabajo del complejo-madre debe abrir una vía hacia una renovación de Si-mismo mediante un vínculo más íntimo con el inconsciente.
Desapegarse de la influencia de la madre supone un trabajo de diferenciación y de integración del anima en los hombres y del animus en las mujeres, de los que en un primer tiempo las figuras están mezcladas con frecuencia a las de los complejos padre y madre. Este trabajo debe permitir enseguida el contacto de las figuras del anima y el animus por lo que son esencialmente: funciones de relación con el inconsciente.
Aquí se reúne el proceso de individuación que viene de un movimiento analítico de separación y diferenciación. Transforma progresivamente la consciencia en un espejo libre de sus identificaciones inconscientes. Un movimiento sintético de asimilación de contenidos inconscientes le da su carácter de desarrollo.

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