Fragmento de El Hombre del Teléfono - Margarita Rosa de Francisco
..."Es un instante místico, de conversación con el arte del autor, del compañero (si el ejercicio es colectivo) y el nuestro, que se traduce en no juzgar el resultado de lo que estamos haciendo. En ese momento, entiendo lo que es no actuar mientras poseemos el personaje. Ahora percibo la máscara que todos usamos para parecernos a nosotros mismos. Esta semana he sentido mucha angustia, me miro como una caracterización de mí misma y no me reconozco. Tengo un yo para andar por la calle, con una forma de hablar y de comportarse creada a partir del artificio genético y social. Ese ser puro que nuestro maestro nos hace tocar es el que se multiplica en los yos que queramos. Me confronto con la mentira cotidiana metida en este cuerpo que curiosamente no desprecio al convertirlo en el instrumento del milagro artístico. Cuando me entrego a los ejercicios en clase, soy más real que en la vida que vivo a diario. El verdadero ser es una sustancia abstracta, ni siquiera es un yo, pues eso es ya una instancia concreta; el yo de cada día es una escogencia de la mente, probablemente la más contra natura de todas. Ese espacio donde no dirigimos los pensamientos, donde ni siquiera pensamos, es el preferido del artista, y es en ese lago de plata donde el actor se ovida de que es actor."
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