El enojo está lleno de espíritu - Jeff Foster
El enojo no es algo malo, equivocado, insalubre o ‘no espiritual’,
A pesar de lo que los atemorizados gurúes y maestros proclamen.
Es esta idea justamente la que causa
Que reprimamos y suprimamos el enojo
Para sostener una imagen “buena” de nosotros
O de “calmos” o “muy espirituales por cierto”.
El niño interno sabe
Que estas imágenes son todas mentiras.
Somos salvajes por dentro, y siempre lo hemos sido.
La irritación reprimida se torna en molestia muy fácilmente,
La molestia se torna frustración,
La frustración se torna enojo.
El enojo reprimido y no sentido rápidamente se torna en rabia
Y hierve dentro nuestro, buscando una víctima.
La parte salvaje retenida nos roba nuestra vitalidad.
La rabia es lo que lastima y ataca a otros,
Lo que explota, culpabiliza, avergüenza, y abusa,
Lo que causa enfermedad dentro de nuestros cuerpos.
El enojo consciente y conectado no es para nada violento.
El enojo que sentimos, del que nos hacemos cargo, y respiramos en él,
Y lo suavizamos con atención amorosa profundamente dentro nuestro, es seguro.
Es una energía malentendida en el cuerpo anhelando amor.
Es un poderoso llamado de empatía por nosotros mismos, y de desacelerar.
Es una parte nuestra que se siente ignorada, rechazada, no oída.
Una parte que llora por nuestra atención, nuestra suavidad, seguridad y presencia.
Una parte que quiere ser cuidada.
Una joven, tierna, inocente y atemorizada parte de la Psique
Que aparece para que la integres,
Para que se produzca la unión alquímica con Eros.
El enojo es el gran protector,
El bravo rugido de un león
Espantando a sus depredadores,
Protegiendo a sus preciosas crías.
Es la voz que dice: —“¡Yo importo! ¡Soy sagrado!”.
Basta ya de esta idea de que el enojo no es algo ‘espiritual’,
El enojo está lleno de espíritu, lleno de inteligencia, ¡lleno de vida!
Cuanto más lo sintamos, menos nos controla,
Cuanto más lo suavicemos, menos lastima.
Cuanto más nos inclinemos ante él, menos nos asusta.
- Jeff Foster
A pesar de lo que los atemorizados gurúes y maestros proclamen.
Es esta idea justamente la que causa
Que reprimamos y suprimamos el enojo
Para sostener una imagen “buena” de nosotros
O de “calmos” o “muy espirituales por cierto”.
El niño interno sabe
Que estas imágenes son todas mentiras.
Somos salvajes por dentro, y siempre lo hemos sido.
La irritación reprimida se torna en molestia muy fácilmente,
La molestia se torna frustración,
La frustración se torna enojo.
El enojo reprimido y no sentido rápidamente se torna en rabia
Y hierve dentro nuestro, buscando una víctima.
La parte salvaje retenida nos roba nuestra vitalidad.
La rabia es lo que lastima y ataca a otros,
Lo que explota, culpabiliza, avergüenza, y abusa,
Lo que causa enfermedad dentro de nuestros cuerpos.
El enojo consciente y conectado no es para nada violento.
El enojo que sentimos, del que nos hacemos cargo, y respiramos en él,
Y lo suavizamos con atención amorosa profundamente dentro nuestro, es seguro.
Es una energía malentendida en el cuerpo anhelando amor.
Es un poderoso llamado de empatía por nosotros mismos, y de desacelerar.
Es una parte nuestra que se siente ignorada, rechazada, no oída.
Una parte que llora por nuestra atención, nuestra suavidad, seguridad y presencia.
Una parte que quiere ser cuidada.
Una joven, tierna, inocente y atemorizada parte de la Psique
Que aparece para que la integres,
Para que se produzca la unión alquímica con Eros.
El enojo es el gran protector,
El bravo rugido de un león
Espantando a sus depredadores,
Protegiendo a sus preciosas crías.
Es la voz que dice: —“¡Yo importo! ¡Soy sagrado!”.
Basta ya de esta idea de que el enojo no es algo ‘espiritual’,
El enojo está lleno de espíritu, lleno de inteligencia, ¡lleno de vida!
Cuanto más lo sintamos, menos nos controla,
Cuanto más lo suavicemos, menos lastima.
Cuanto más nos inclinemos ante él, menos nos asusta.
- Jeff Foster
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