El paso de las horas (II) - Mario Bojórquez

Sentir todo de todas las maneras,
Tener todas las opiniones,
Ser sincero contradiciéndose a cada momento,
Desagradarse a sí mismo por la plena libertad del espíritu,
Y amar las cosas como Dios.

Yo, que soy más hermano de un árbol que de un obrero,
Yo, que siento más el supuesto dolor del mar al golpear en la playa
Que el dolor real de los niños golpeados
(Ah, esto debe ser falso, pobres niños golpeados -
¿Y por qué mis sensaciones se oponen tan de prisa?)
Yo, en fin, que soy un diálogo continuo,
Un hablar alto incomprensible, alta noche en la torre,
Cuando campanas oscilan vagamente sin que nadie las toque
Y da pena saber que hay vida que vivir mañana.
Yo, en fin, literalmente yo
Y yo metafóricamente también,
Yo, el poeta sensacionista, enviado del Acaso
A las leyes irreprensibles de la Vida,
Yo, el fumador de cigarros por profesión adecuada,
El individuo que fuma opio, que toma ajenjo, pero que, en fin,
Prefiere pensar en fumar opio que fumarlo
Y halla más suyo mirar el ajenjo bebiéndose que beberlo...
Yo, este degenerado superior sin archivos en el alma,
Sin personalidad con valor declarado,
Yo, el investigador solemne de las cosas fútiles,
Que sería capaz de irme a vivir a Siberia sólo por dar la contra
Y que pienso que no está mal no darle importancia a la patria
Porque no tengo raíz, como un árbol, y por tanto no tengo arraigo...
Yo, que tantas veces me siento tan real como una metáfora,
Como una frase escrita por un enfermo en el libro de la muchacha que encontró en la terraza,
O una partida de ajedrez en la cubierta de un transatlántico,
Yo, el ama que empuja los perambulators en todos los jardines públicos,
Yo, el policía que la mira, parado en el fondo de la alameda,
Yo, el niño en carreola, que hace señas a su inocencia
Lúcida con una sonaja de cascabeles,
Yo, el paisaje por detrás de todo esto, la paz citadina
Colada a través de los árboles del jardín público,
Yo, el que los espera a todos en casa
Yo, el que ellos encuentran en la calle
Yo, lo que ellos no saben de sí mismos,
Yo, aquella cosa en que estás pensando y te marca esa sonrisa,
Yo, el contradictorio, el ficticio, el latoso, la espuma,
El cartel puesto ahora, las caderas de la francesa, el mirar del cura,
La plaza donde se encuentran las dos calles y los choferes duermen contra los carros,
La cicatriz del sargento mal encarado,
El sebo en el cuello del asesor enfermo que vuelve a casa,
La taza donde el pequeño que murió bebía siempre,
Y tiene una falla en el asa (y todo esto cabe en un corazón
De madre y lo llena)...
Yo, el dictado de francés de la pequeñita que se mueve las ligas,
Yo, los pies que se tocan por debajo del bridge bajo el candelabro,
Yo, la carta escondida, el calor del pañuelo, el balcón con ventana entreabierta,
El portón de servicio donde la criada habla con los deseos de su primo,
El cabrón de José que prometió venir y no vino
Y teníamos una broma que jugarle...
Yo, todo esto, y además de esto el resto del mundo...
Tantas cosas, las puertas que se abren, y la razón por que se abren,
Y las cosas que ya hicieron las manos que abren las puertas...
Yo, la infelicidad-nata de todas las expresiones,
La imposibilidad de expresar todos los sentimientos,
Sin que haya una lápida en el cementerio para el hermano de todo esto,
Y lo que parece no querer decir nada siempre quiere decir algo...
Sí, yo, el ingeniero naval que soy, supersticioso como una madrina rural.
Y uso monóculo para no parecer igual a la idea real que tengo de mí,
Que tardo a veces tres horas en vestirme y ni por eso me parece natural,
Pero sí me parece metafísico y si tocan a la puerta, me enojo,
No tanto por interrumpirme la corbata sino por quedar sabiendo que existe la vida...
Sí, en fin, yo el destinatario de las cartas lacradas,
El baúl de las iniciales gastadas,
La entonación de las voces que nunca más oiremos-
Dios guarda todo eso en el Misterio, y a veces lo sentimos.
Y la vida pasa de repente y hace mucho frío más cerca que el cuerpo.
La Brígida, prima de mi tía,
El general del que ellas hablaban -general cuando ellas eran niñas,
Y la vida era guerra civil en todas las esquinas...
Vive le melodrame ou Margot a pleuré!
Caen hojas secas en el suelo irregularmente,
Pero el hecho es que siempre es otoño en el otoño,
Y el invierno viene después fatalmente,
Y hay un sólo camino para la vida que es la vida...

Ese viejo insignificante, pero que conoció a los románticos,
Ese opúsculo político del tiempo de las revoluciones constitucionales,
Y el dolor que todo eso deja, sin que se sepa la razón
Ni hay para llorarlo todo más razón que sentirlo.

Todos los amantes se besaron en mi alma,
Todos los vagos durmieron un momento encima de mí,
Todos los despreciados se recargaron un momento en mi hombro,
Atravesaron la calle, de mi brazo, todos los viejos y los enfermos,
Y hubo un secreto que me dijeron todos los asesinos.

(Aquella cuya sonrisa sugiera la paz que yo no tengo,
En cuyo parpadear hay un paisaje de Holanda,
Con las cabezas femeninas coiffeés de lin
Y todo el esfuerzo cotidiano de un pueblo pacífico y limpio...

Aquella que es el anillo dejado encima de la cómoda,
Y la cinta apretada al cerrar la gaveta,
Cinta color de rosa, no me gusta el color sino la cinta apretada
Así como no me gusta la vida, pero me gusta sentirla...

Dormir como un perro corrido, en el camino, al sol,
Definitivamente para todo el resto del Universo,
Y que los carros me pasen por encima).

Me acosté con todos los sentimientos,
Fui souteneur de todas las emociones,
Me invitaron los tragos todos los azares de las sensaciones,
Intercambié miradas con todos los motivos del hacer,
Estuve mano a mano con todos los impulsos por partir,
¡Fiebre inmensa de las horas!
¡Angustia de la fragua de las emociones!
Rabia, espuma, la inmensidad que no cabe en mi pañuelo,
La perra que aúlla de noche,
La pileta de la casa de campo alrededor de mi insomnio,
El bosque tal como fue la tarde en que paseamos, la rosa,
La madeja indiferente, el musgo, los pinos,
La rabia de no contener todo esto, de no detenerlo,
¡Oh hambre abstracta de las cosas, celo impotente de los momentos,
Orgía intelectual de sentir la vida!

Obtener todo por suficiencia divina-
Las vísperas, los consentimientos, los avisos,
Las cosas bellas de la vida-
El talento, la virtud, la impunidad,
La tendencia a acompañar a los demás a su casa,
La circunstancia de pasajero,
La conveniencia de abordar ya para obtener un lugar,
Y falta siempre una cosa, un vaso, una brisa, una frase,
Y la vida duele cuanto más se goza y cuanto más se inventa.

Poder reír, reír, reír francamente,
Reír como un vaso volteado,
Absolutamente loco sólo por sentir,
Absolutamente roto por rozarme con las cosas,
Herido en la boca por morder cosas,
Con las uñas sangrando por agarrar cosas,
Y después denme la celda que quieran que yo me acordaré de la vida.


Versión del portugués
Mario Bojórquez
DR 1999

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