La escritura - Christophe André

"Actividad solitaria y curiosa la del escritor. Pasa por momentos de desaliento al escribir las primeras páginas de una novela. Tiene todo el día el pálpito de que algo anda mal. Y a continuación, es grande la tentación de volver atrás y empezar de otra manera. El escritor no debe sucumbir a esta tentación, sino seguir la misma ruta. Es como estar al volante por la noche en invierno y seguir manejando en medio de la bruma y la nieve, sin visibilidad. Usted no tiene otra opción, no se puede dar marcha atrás. Debe seguir avanzando por el camino diciéndose que con el tiempo será más seguro y la niebla se disipará." - Patrick Modiano, Discurso al recibir el Premio Nobel de Literatura 2014

La escritura es un sistema de representación de la palabra y del pensamiento a través de signos, destinado a perdurar.
Es un medio de transmitir información a los demás. Pero también una manera de traducir las propias sensaciones y estados de ánimo.
Es este segundo tipo de escritura el que nos interesa hoy, "la escritura de si mismo"
Permite clarificar lo confuso en nosotros, de tomar distancia de lo que es doloroso.
Nos ayuda también a volver a pensar claro cuando estamos perdidos en nuestra rumia, esos pensamientos estériles que dan vuelta en círculo.
Pues la escritura es un acto, como caminar, y que son los actos más que nuestras reflexiones que nos arrastran a las peregrinaciones de la vida interior.
La escritura es superior a la introspección cuando se trata de explorar su mundo interior.
Es un revelador impresionante de la confusión y de lo enredado: una idea que creíamos clara se muestra imprecisa cuando uno busca escribirla.
Ella nos lleva a la humildad: un pensamiento que creíamos fuerte resulta, una vez escrito, banal.
Numerosos trabajos han establecido el interés de la escritura de sus sentimientos íntimos, poner en palabras nuestras experiencias de vida dolorosas ayuda a su cicatrización y mejora nuestra salud.
Parece que uno de los mecanismos curativos de la escritura es la reorganización de la experiencia dolorosa, la transcripción de sentimientos confusos en un relato coherente.
En la escritura de si mismo, uno no aspira a nada más que a examinar detalladamente su vida interior.
Nada de ambición artística ni estilistica. Uno acepta la simplicidad, la banalidad, lo ordinario.
Sin embargo, no renunciamos a escuchar los consejos de los escritores, los "verdaderos". Como la escritura no obedece a las mismas leyes que el pensamiento, evitemos por ejemplo, el error descrito por Gide en su diario: "Esperaba a menudo que la frase alcanzara su forma en mi para escribirla"
Pues la escritura tiene su propio ritmo y puede ser que escribiendo vengan las ideas que no habían aparecido con la simple reflexión.
También demos un gran lugar a nuestros sentimientos, como lo sugiere Marcel Proust en el Tiempo Recobrado, "La impresión es para el escritor lo que es la experimentación para el experto". Con esta diferencia que entre los expertos el trabajo de la inteligenica precede y entre los escritores viene después.
Y después ese consejo de Baudelaire, en El Arte Romántico, "Para escribir rápido, hace falta haber pensado mucho - haber llevado un tema consigo, a la caminata, al baño, al restaurante y casi a la casa de su amante." Haber incubado efectivamente sus pensamientos durante un primer tiempo, haber dejado dar vueltas a su subconsciente. Pero sobre todo, ¡sin olvidar vivir! Y no seguir el triste ejemplo de Henri Amiel, el autor del que probablemente es el diario íntimo más grande que existe, pero cuya vida ha sido increíblemente insustancial y vacía. Pues como escribía muchas veces en sus cuadernos: "He observado mi vida, en lugar de vivirla"
La exploración de nuestra vida interior no debe por supuesto desviarnos de la exploración de nuestra vida exterior: eso sería escoger no avanzar sino con una pierna cuando tenemos la suerte de tener dos.

Fuente: https://www.facebook.com/editionsdesarenes/videos/890769754417385/

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