Una y multiple, la mujer según C. G. Jung

Todo animus, como toda anima, presenta un aspecto negativo y un aspecto positivo.
El aspecto negativo del animus, que hemos notado, busca provocar la discusión por la discusión, con el único fin de ganar la partida. Es un arquetipo cuya fuerza supera a la mujer. Bajo su influencia, ella puede mostrarse autoritaria, testaruda, agresiva o infantil, tejer artimañas, sembrar cizaña, hacerse bruja y castradora. En el hombre, la influencia del animus negativo de su madre lo hará irritable, depresivo, versátil, susceptible, se volverá moroso, hipocondriaco, considerará que no es nada, y que nada tiene sentido.
Si la mujer se conduce exageradamente como hombre, si solo habla el animus en ella, el hombre llegará a esconderse, a mentir, dejará desarrollarse en él el anima negativa. Esto lo volverá sombrío, dejará de inspirarlo, y en los casos extremos, lo empujará a comportamientos o a decisiones irreparables.
Cuando el animus negativo y el anima negativa se encuentran, no está lejos la animosidad. La batalla típica de las parejas destinadas a estallar puede comenzar.
Y sin embargo, ¡milagro!, a pesar de todos estos malos augurios, ¡el encuentro feliz puede tener lugar!
Reuniendo toda clase de condiciones y requisitos previos a menudo indiscernibles, el animusl y el anima que revelan su positividad pueden hacer unas uniones fieles y durables, sin recurrir a la complicidad de las "neurosis complementarias".
El animus positivo hace a la mujer creativa, organizadora, amorosa; la hace también más consciente, amablemente conquistadora. El animus positivo se conecta con el Ser, desarrolla el coraje, la espiritualidad, suscita la inspiración y el hada madrina. Ella enseña al hombre a madurar, lo apoya en sus pruebas, asegura su complementariedad.
Cerca de el, el anima positiva desarrollará los dones del hombre, lo volverá emprendedor, y entre otras cosas, le dará ese humor - raro en la mujer, eventualmente que compensará sus depresiones. Es esta anima que le hará idealizar a la mujer y reencontrar el "eterno femenino" del que Goethe habló tan bien. 
El amor verdadero se revela además posible. Las Afrotitas, las Helenas y las Penélopes están lejos. En este amor siempre nuevo, cada uno respeta perfectamente al otro y sobre todo su libertad, considerando que amar al otro, es aceptarlo tal como es, en su unicidad de ser humano. La verdadera pareja se revela ser una pareja de cuatro: el hombre y el anima, la mujer y el animus. Los sueños están aquí, si es necesario, para confirmar la felicidad de una elección recíproca. ¿La unión será ideal por eso? Algunas tormentas podrán estallar; pero debido a que el amor permanece más fuerte que la muerte, se convertirán en ritos de paso confirmando lo inquebrantable.
Así se revela el amor verdadero, más allá de todo sentimentalismo. Sin duda, frente a la mujer, el hombre continuará sintiendo un miedo inconsciente, pues ella tiene siempre un poder ambiguo: ella es quien, teniendo el poder de dar la vida, da por consecuencia, a largo plazo, la muerte. Esto siempre ha sido conocido por el patriarcado y la institución cristiana, preocupados de dejar este "delicioso flagelo" a distancia, como dice Juan Crisostomo. María nunca ha destronado a Eva. Misterio, belleza, grandeza permanecen como emblemas de la mujer. Pero en un momento en que adquiere su autonomía y se ve reconocida adulta de pleno derecho, es tiempo para ella de evitar las trampas de un feminismo exacerbado que no hará de ella sino una muy imperfecta copia del hombre, y de trabajar a su realización por lo que Marie-Louise von Franz llama la "liberación del corazón". No olvidemos que "lo femenino porta en si, como ya lo decía Ruzbëhan, la luz del Espíritu".

Una y multiple, la mujer según C. G. Jung
Rolande Biès

Commentaires

Articles les plus consultés