Anima Animus

El principio femenino

Para designar el arquetipo femenino, símbolo del universal de la mujer, Carl Gustav Jung se sirvió de la palabra en latin anima, que significa alma.
Animus es el complemento que designa al arquetipo masculino, símbolo universal del hombre.
Anima y animus son dos polos del alma, complementarios y contrarios, que constituyen el inconsciente. 
El anima designa la imagen inconsciente de la mujer en general que todo hombre porta en él: "el ideal femenino". El anima designa también la parte femenina, es decir, las características habitualmente atribuidas a las mujeres, sensibilidad, emotividad, intuición, sentimiento que se expresa en cada hombre. 
El anima es proveedora de estados de ánimo.
El anima positiva desarrollará los dones del hombre, le hará idealizar a la mujer, y lo volverá emprendedor.
El anima negativa se manifiesta en el por las dificultades para controlar su sensibilidad, su emotividad. El podrá manifestar cambios de humor, tendencias a los caprichos, mostrarse irritable, vengativo, tiránico, desconfiado.
"Para realizarse de manera equilibrada en toda su totalidad, el hombre tiene necesidad de desarrollar su anima, sus cualidades femeninas y su eros, el deberá aprender a tener en cuenta relaciones individuales y concretas y no perderse en su mundo racional."

El principio masculino

La mujer lleva en ella un "ideal masculino", una representación inconsciente de los hombres en general.
El animus, polo masculino, posee ciertas características tradicionalmente atribuidas al hombre: racionalidad, intelectualidad, creatividad, independencia, autonomía.
El animus es proveedor de opiniones. Los Junguianos dicen que un animus positivo hace a la mujer creadora, amante, inspiradora, conquistadora, que el animus desarrolla en ella el coraje, la espiritualidad, que ella enseña al hombre a madurar, lo sostiene en las pruebas y asegura su complementariedad.
"Una de las tareas de la mujer es crear una cierta atmósfera en torno a ella... tener fe en su familia y nutrir sus esperanzas para ella es uno de los roles de la actitud maternal e invita a responderle."
Al contrario, un animus negativo puede hacer a la mujer autoritaria, testaruda, agresiva o infantil.
Marie Louise Von Franz describe con detalle las diversas formas de animus negativo en los cuentos estudiados.
Ella insiste igualmente en las diferentes actitudes a adoptar cuando la mujer está confrontada a los caprichos del animus o indica las situaciones en las que nace o se desarrolla un animus negativo.
"La forma en la que los fantasmas inconscientes del padre afectan a sus hijas es una evidencia cuando el hombre que no soluciona su problema de anima transfiere sus imaginaciones sobre ellas."
El cuento "Blanca nieves y Rosa Roja" nos muestra las trampas tendidas por el animus que puede tener una toma de poder tal que invade, la posee totalmente mientras que "La jovencita sin manos" ilustrará las dificultades de la mujer para hacer nacer sus dones creativos.
A fin de no dejarse poseer por el animus la mujer debera aferrarse a transformar, cultivar, desarrollar su rectitud interior.
Uno puede decir que el inconsciente encierra todos los elementos psíquicos que no alcanzan o no alcanzarán sino más tarde la consciencia. Para realizarse un individuo deberá comprometerse con el camino de la "individuación" dicho de otra forma hacia una personalidad lo más autónoma posible y que tiende hacia la unidad: un proceso de formación del consciente que permite integrar y transformar los contenidos del inconsciente.
"Hay cosas sobre las cuales uno no puede cuestionarse a si mismo y que hace falta dejar en el claro-oscuro para no violarlas, marchitarlas o matarlas. Como la mariposa en el capullo, algunos aspectos secretos del alma no pueden desarrollarse sino en el seno de la oscuridad..."
La primera etapa de este proceso conduce a experimentar la sombra, el lado oscuro de sí mismo.
Es la parte de nosotros que nosotros rehusamos presentar a los otros, que no nos parece adecuado. La emoción la hace visible. Confrontarse a nuestra sombra es tomar consciencia de nuestra naturaleza de manera crítica, aceptar que lo que condenamos en los demás se encuentra también en nosotros.
Respecto a la integración de los elementos del inconsciente, hace falta guardar en la memoria que  se crea un equilibrio y la necesidad de aceptar los pasajes depresivos, de mantenerse a una distancia respetuosa a veces de su parte de sombra y de luz.
La aceptación de la sombra - o lado oscuro de los dioses y las diosas, parte de sombra en los mitos, emociones violentas, depresión, sufrimiento son momentos necesarios para la evolución.

La segunda etapa es el encuentro con el anima o el animus

Como la sombre podemos encontrarla bajo la forma interior, simbólica. Para la mujer concreta adquirir autonomía, es adquirir un mejor conocimiento de ella misma, de su naturaleza, de lo que en ella revela un principio masculino y la forma en la que éste tiende a tomar posesión de ella, cómo expresa su voluntad y poder.
El animus bajo su aspecto positivo favorece la expresión de energías creativas, bajo su aspecto negativo encarna un espíritu de desánimo y de recriminación, desbordante, es destructor.
"La mujer, desde que entra en contacto con su inconsciente está más directamente confrontada a la filosofía de la vida y al problema del mal porque el animus está preocupado por las ideas generales y los conceptos. Desde que ella emprende el viaje al interior de ella misma, se encuentra frente al problema espiritual."
La última etapa conduce a la reunión del consciente y el inconsciente, la aparición del Si mismo como un punto representativo del centro de la totalidad psíquica. Un equilibrio entre la realidad exterior y la realidad interior. 
Esto significa que el conjunto de estos procesos nos conduce a reconocer lo que somos por naturaleza, en oposición a lo que desearíamos ser.
Uno de los métodos de progresión en la vía de la individuación es la utilización de las capacidades de las fuerzas imaginativas, lo que Carl Gustav Jung ha llamado imaginación activa.
Así como los sueños son considerados como un pasaje por el inconsciente personal y por el inconsciente colectivo, las capacidades de la fuerza imaginativa que provocan la aparición de imágenes y descansan sobre un descenso voluntario de la consciencia también lo son.
Allí, algunas asociaciones se despiertan en nosotros que no podríamos percibir por el solo medio de nuestras percepciones conscientes.
Este hecho hace parte de los procesos de individuación, aceptar y comprender esas imágenes, esa parte de nosotros, primitiva, que aperece bajo un impulso emocional.
La integración del sentido verdadero puede hacerse cuando uno reconoce que esas imágenes son el reflejo de procesos psíquicos a la obra sin buscar relacionarlos con situaciones de referencia. Dejando vivir la emoción lejos de todo sentido crítico.

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