Caminante espiritual - Patricia May

Caminante espiritual

Mi fuente de donde obtengo claridad y sabiduría es ese centro interior. El caminante espiritual es consciente de que es más que una identidad y que hay algo en sí que es puro, que está siempre ahí, como un recurso de poder interior. De partida a mi vida diaria le doy tiempo y espacio a esa conexión y, en lo concreto, no empiezo la mañana sin darme un tiempo de conexión interior, de paz, de meditación o contemplación para comenzar el día y desde ahí mirando mi día, mi sentido, mi propósito, para no perderme. El caminante espiritual tiene un ancla interior muy clara e intenta expresarlo en lo cotidiano. Y se expresa en mi vida diaria en forma muy simple: tratando de tener un ritmo de vida armónico, porque actualmente el ritmo atenta contra lo humano. Hay un trabajo sobre mis prioridades, sobre las cosas que son importantes y las que no, sobre un equilibrio entre el hacer, estar y ser. Vivo una vida bastante simple, armónica, donde pongo en su lugar a mi familia, hijos, el quehacer con las personas y donde no me vuelvo loca por el quehacer exterior. Creo que la armonía empieza a ser una necesidad personal, porque me siento bien y donde tengo plenitud.

Espiritualidad

El camino espiritual es un camino de conciencia y las personas que empiezan a despertar se empiezan a cuestionar este tipo de cosas y lo que hacen es preguntarse y cuestionarse qué quiero en la vida de verdad. Y ahí empieza su búsqueda de otras respuestas, de otra mirada, de otro tipo de vida. Los valores que nos entrega nuestra cultura son miserables. Achatan al ser humano a un producto que tiene que funcionar en vez de vivir. Eso es la miseria y la pobreza, ese achatamiento del ser humano. No la pobreza material. De repente hay pocos recursos materiales, pero muchos recursos interiores y la persona vive una vida de plenitud. Eso no es posible en una cultura como la nuestra.

Cambiar el ritmo de vida, darle tiempo al espacio interior, ponerle cota a lo que viene de afuera y conectar con lo que viene de adentro, escuchar el cuerpo, conectarse con los demás, darle tiempo al afecto y a la conversación.

Trabajo

Pienso que aquí debe haber un giro en el sentido del trabajo cuya finalidad es producir un aporte al medio donde cada uno de nosotros va aprender, a colaborar, a moderar su ego, a mirarse a sí mismo y a los demás, donde va a hacer una entrega de lo mejor de sí.
¿Qué tal si pudiéramos considerar el trabajo un campo de oportunidades, de quehacer, de aprendizaje, de entrega, de colaboración, de participación, de servicio? Y que las organizaciones se consideraran organizaciones donde se conjugan las personas para colaborar, aprender y hacer algún beneficio social

Plenitud

La plenitud está en la expresión del amor, de la sabiduría, de la creatividad y de la fuerza para compartirlo con el mundo.
Nos hace falta en la cultura occidental la tremenda oportunidad de tener un lapsus de vida que no sabemos cuánto va a durar, y vivirlo en plenitud pero que por ello no se entienda carreteando sino expresando su vocación, su talento en cada día y acto a todas las personas. Participar activamente en un mundo mejor. Para eso estamos.

Edad

Con la edad me siento cada vez con menos peso, más libre de tanta ansiedad, de tanto deseo, de vergüenza. Me siento con mayor plenitud y libertad y creo que les pasa a todos los que envejecemos de una manera más o menos sabia. Esa interioridad más pura, libre, alegre, natural puede expresarse mejor, entonces hay menos carga, hay menos expectativas, menos ansiedad, menos soberbia. La edad mayor es donde el ser humano puede dar su luz más maravillosa, porque el joven está acosado por muchas cosas, y en la medida que va haciendo camino sabio se va liberando de muchas cosas, de miedos, de control, de perfeccionamiento, de dependencias emocionales. Entonces es más libre, más joven.

Alma

El alma humana está aquí, con nosotros, todo el tiempo, como algo que me pacifica, que me aclara. Quizás en vez de hablar de alma podemos hablar de conciencia pura e interna del ser humano, llena de amor y sabiduría. Y eso se experimenta con una identidad que no tiene nombre, que no tiene edad, que no tiene género, y que simplemente es pura plenitud y que está descrito en muchos seres humanos.

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