Kintsugi

Aunque podamos mantener la reserva sobre esto, especialmente cuando somos jóvenes, tendemos en lo profundos a tener más esperanza en que eventaulmente, lograremos encontrar la perfección en ciertas éreas.
Soñamos con un día en el cual tendremos una relación idealmente armoniosa, un trabajo profundamente satisfactorio, una vida familiar feliz y el respeto de otros.
Pero la vida tiene un hábito de desafiarnos con vientos dejando de estos sueños nada más que un conjunto de quiebres y fragmentos sin valor.
Es en momentos de desilusión que podemos llevar nuestra mente a un concepto de la filosofía Japonesa, y en particular del enfoque del budismo Zen a la cerámica.
Durante siglos, los maestros Zen desarrollaron un argumento sobre las ollas, pocillos y tazas que se habían quebrado no deberían ser descuidados o desechados.
Ellos deben continuar para atraer nuestro respeto y atención y ser reparados con un cuidado enorme - este proceso simboliza una reconciliación con los accidentes y defectos del tiempo, reforzando grandes temas subyacentes del Zen.
La palabra dada a esta tradición de reparación de cerámica es kintsugi:
Kin = dorado
Tsugi = ebanistería
Lo que literalmente significa "unir con oro". En la estética Zen, las piezas rotas de una vasija quebrada accidentalmente deben ser recogidas cuidadosamente, reensambladas y entonces unidas con laca mezclada con polvo de oro.
No debe haber intento de ocultar el daño, el punto es hacer bellas y fuertes las líneas defectuosas.
Las venas preciosas de oro están allí para enfatizar que los quiebres tienen en sí mismos un mérito rico filosóficamente.
Los orígenes de Kintsugi datan del período Muromachi, cuando el Shogon de Japón Ashikaga Yoshimitsu (1358-1408) quebró su taza de té favorita, y desconsolado la envío para ser reparada en China. Al recibirla, se horrorizó por las feas grapas de metal que habían sido usadas para unir las piezas rotas, y encargó a sus artesanos crear una solución más apropiada.
Lo que se les ocurrió fue un método que no ocultaba el daño, sino que hacía algo ingenioso, artístico a partir de él.
Kintsugi pertenece a los ideales Zen de wabi sabi, que adora lo que es simple, sin pretensión y envejecido - especialmente si tiene una cualidad rústica o envejecida.
Hay una historia de uno de los grandes proponentes de wabi sabi, Sen no Rikyu (1522-99). Sobre un viaje a través del sur de Japón, fue una vez invitado a comer por un anfitrión que pensó que podría impresionarle por una costosa jarra de te elaborada y antigua que había comprado en China. Pero Rikyu no pareció notar el artículo y en cambio hablando y admirando una rama sacudida por el viento afuera. En el desespero por esta falta de interés, una vez Rickyu partió, el anfitrión devastado quebró la jarra en pedazos y se retiró a su habitación. Los demás invitados, sabiamente, reunieron los fragmentos y los pegaron mediante kintsugi.
Cuando Rikyu volvio a visitarlo, el filósofo giró hacia la jarra reparada, con una sonrisa de complicidad, exclamó: "Ahora es magnífica".
Como una filosofía, se trata el quiebre y la reparación como parte de la historia de un objeto, más que como algo para ocultar...
En una era en que se adora la juventud, la perfección y lo nuevo, el arte de kintsugi contiene una sabiduría particular - tan aplicable a nuestras propias vidas como lo es a una tasa de te rota. El cuidado y amor dispensado sobre los objetos rotos, nos da la confianza para respetar lo que está dañado y las cicatrices, lo vulnerable e imperfecto, empezando por nosotros mismos y aquellos que nos rodean.



Asier Galastegui crea una imagen muy profunda con su reflexión: (Somos) ..."Un poco jarrones rotos reconstruidos. Me gusta pensar que con una pequeña patina dorada que resalta las cicatrices, las heridas, un poco para tener cuidado y otro poco para recordar aquello que dejó huella y nos sigue construyendo.
Acompañamos también a otras realidades rotas. Rotas o sin romper pero todas buscando volver a pegar de otra manera las partes de la realidad que tienen en sus manos. Acompañamos, muchas veces observamos con respeto y desde una humilde ignorancia generativa, a personas y organizaciones probando diferentes ajustes de sus puzzles. Permitiéndonos sentir que lo que fue una tetera con algo de tiempo y destreza pudiera convertirse en algo diferente, porque no. Y con sus grietas resaltadas en el color de lo valioso, no pulidas y escondidas, doradas y presentes."

El daño se hace evidente al unir las piezas con oro, cuando algo ha sufrido daño, tiene una historia y se hace más bello... 

Tomado de: http://www.thebookoflife.org/kintsugi-2/

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