Fragmento de Marion Woodman
La palabra latina mater significa “madre”. Madre es la que cuida, nutre, recibe, ama, ofrece seguridad (...) En ausencia de la madre nutritiva, ya sea personal o arquetípica, las personas tratan de concretarla en las cosas, como si fueran a hacer presente lo que saben que está ausente. Irónicamente, lo que capturan no es una presencia que siempre experimentan como ausente, sino la ausencia en sí. Piensen en cómo la gente trata de fotografiarlo todo, de grabarlo, tratan de capturarlo y mantener un evento en estado estático. Eso es lo que quiero decir con “concretar”. Al igual que la bruja malvada que todo lo convertía en piedra.
Fui a ver al Papa en Toronto, y después de que él pasó, la mujer delante de mí se echó a llorar, gritando: “¡Yo no lo pude ver!”. Tenía una cámara y había estado tan ocupada tomando fotos de él que nunca “vio” al hombre que vino a ver. Por concretar el momento, ella se lo perdió. La persona que vino a ver fue captada en la fotografía, pero la imagen le recuerda sólo la ausencia. Ella estuvo ausente de la experiencia.
Piense en los turistas saltando fuera de un autobús en el Gran Cañón. Toman fotos, pero nunca llegan al Gran Cañón. No se abren a la experiencia. Interiormente no se nutren de su grandeza. El alma en el cuerpo no se alimenta. Son como diapositivas archivadas en una caja que nadie, ni siquiera tú, quieres mirar.
William Blake dice que el cuerpo es “esa porción del Alma discernida por los cinco sentidos.” Yo vivo con esa idea. Me siento y miro por mi ventana aquí en Canadá y los árboles de otoño son dorados contra el cielo azul. Puedo sentir su “alimento” llegando a mis ojos y va hacia abajo, abajo, abajo, interactuando allá dentro, y me llenan de oro. Mi alma se alimenta. Ya veo, huelo, saboreo, oigo, toco. A través de los orificios de mi cuerpo, yo doy y recibo. No estoy tratando de capturar lo que está ausente. Es ese intercambio entre el alma encarnada y el mundo exterior lo que es el proceso dinámico. Así es como el crecimiento se lleva a cabo. Así es la vida.
Marion Woodman
Fui a ver al Papa en Toronto, y después de que él pasó, la mujer delante de mí se echó a llorar, gritando: “¡Yo no lo pude ver!”. Tenía una cámara y había estado tan ocupada tomando fotos de él que nunca “vio” al hombre que vino a ver. Por concretar el momento, ella se lo perdió. La persona que vino a ver fue captada en la fotografía, pero la imagen le recuerda sólo la ausencia. Ella estuvo ausente de la experiencia.
Piense en los turistas saltando fuera de un autobús en el Gran Cañón. Toman fotos, pero nunca llegan al Gran Cañón. No se abren a la experiencia. Interiormente no se nutren de su grandeza. El alma en el cuerpo no se alimenta. Son como diapositivas archivadas en una caja que nadie, ni siquiera tú, quieres mirar.
William Blake dice que el cuerpo es “esa porción del Alma discernida por los cinco sentidos.” Yo vivo con esa idea. Me siento y miro por mi ventana aquí en Canadá y los árboles de otoño son dorados contra el cielo azul. Puedo sentir su “alimento” llegando a mis ojos y va hacia abajo, abajo, abajo, interactuando allá dentro, y me llenan de oro. Mi alma se alimenta. Ya veo, huelo, saboreo, oigo, toco. A través de los orificios de mi cuerpo, yo doy y recibo. No estoy tratando de capturar lo que está ausente. Es ese intercambio entre el alma encarnada y el mundo exterior lo que es el proceso dinámico. Así es como el crecimiento se lleva a cabo. Así es la vida.
Marion Woodman
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