Ejercicio de escritura madre - Gabrielle Roth

Si amarse y atenderse a uno mismo, apreciar y honrar el propio ser, nos brota como algo instintivo, debemos agradecer a la madre. Si todo lo anterior resulta dificultoso, conviene perdonar a la madre y curarnos a nosotros mismos. Conocemos cuán difícil es vivir con carencias en este instinto, y debe haber sido igual ó aun más difícil para nuestra madre. Las fortalezas y las debilidades de cada uno se transmiten a la generación siguiente, y requiere valor romper estos ciclos descendentes.
Incluso quienes hemos llegado a la vida adulta sin destruirnos ni marginarnos necesitamos desarrollar el instinto maternal, tratándonos con respeto, honestidad, cariño, amabilidad, cuidado y atención. Si escucháramos por un momento los pensamientos que pasan automáticamente por nuestra cabeza, nos sorprenderíamos ante lo duros, críticos, despectivos y negativos que somos con nosotros mismos. Esta negatividad conduce pesadamente a más negatividad, a profecías de fracaso autocumplidas. Prestemos atención, durante varios días, a lo que hacemos. Es probable que nos descubramos respondiendo la mayor parte del tiempo a necesidades y programas de otras personas y muy poco a nuestras propias necesidades y deseos. Una manera de comenzar a dialogar con nosotros mismos en voz más asertiva y potenciadora es la escritura como proceso de descubrimiento personal, que exorciza males pasados y crea un presente más rico.
Los siguientes son algunos ejercicios de escritura que nos pondrán en camino:
1. Empezar una historia de vida, comenzando por la gestación. ¿Qué nos han contado? ¿Qué podemos descubrir acerca de las circunstancias en que fuimos engendrados? ¿Nuestros padres estaban profundamente enamorados? ¿Eran jóvenes, mayores, felices? ¿Estaban cansados o asustados? ¿Eran desconocidos, o como si lo fueran? ¿Somos fruto de un momento inconsciente de pasión, ignorancia, hostilidad, o de una agradable sorpresa, de un acontecimiento deseado y hasta "planificado"? ¿Cómo eran el espermatozoide y el óvulo que nos dieron el ser? Podemos utilizar carbonilla, colores u óleo para visualizar nuestra concepción y hacer un dibujo que sea la primera página del diario de vida.
2. Pensemos ahora en el tiempo que pasamos en el vientre materno. ¿Cómo era habitar su cuerpo? ¿Estaba nuestra madre relajada, feliz, asustada, tensa, resentida? ¿Cuáles eran las circunstancias de su vida en aquel entonces? ¿Trabajaba fuera de casa? ¿Cuidaba a nuestros hermanos o a otras personas? ¿Sufría algún tipo de estrés? ¿Era feliz o desdichada en la relación con nuestro padre? ¿Estaba sola? Podemos describir esto desde el punto de vista materno y luego desde el nuestro. Acto seguido, continuamos con el nacimiento. ¿Nacimos en un hospital? ¿El parto fue por vía baja o por cesárea? ¿Hubo complicaciones? ¿Resultó difícil para la madre? ¿Estaba sola, aparte de las enfermeras y los médicos? Enseguida, describamos nuestros primeros meses, y nuestros primeros años de vida, hasta que fuimos a la escuela. Entrevistemos a nuestros padres, hermanos, hermanas, tíos y tías. Repasemos los álbumes de fotos. Resulta increíble cuán abundante es el cuadro que se puede formar para descubrir la verdad de nuestros primeros años. Algunas personas necesitan recurrir a la hipnosis y al psicoanálisis para recuperar los recuerdos del nacimiento y la primera infancia, en especial los acontecimientos dolorosos y reprimidos. Por mi parte, sólo me hago las preguntas y dejo que la escritura fluya.
3. Realicemos una secuencia de retratos escritos de nuestra madre en diferentes épocas de su vida y desde varios puntos de vista. Cuando era joven, cuando nacimos, cuando íbamos a la escuela, cuando dejamos la casa paterna, cuando formamos nuestra propia pareja, y ahora. Podemos escribir desde nuestro punto de vista, desde el de nuestro padre, desde la perspectiva de un biógrafo imparcial e independiente. Incluso intentemos verla desde la perspectiva del universo, como la madre universal, la quintaesencia, la personificación del arquetipo de la Madre.
4. Leamos estos retratos en voz alta y prestemos atención a las suposiciones, las creencias y los juicios que se esconden entrelíneas. Desenredemos la trama tácita de nuestras percepciones y examinemos sus elementos con valor y cariño. ¿Qué es verdad? ¿Qué es falso? ¿Qué actitud deseamos adoptar aquí y ahora?
5. Escribamos una serie de diálogos con nuestra madre acerca de los temas que más nos interesan. ¿Qué le diríamos o preguntaríamos? ¿Qué preguntaría o respondería ella? Sigamos hasta que ya no quede nada por decir.

Tomado del Libro: Mapas para el éxtasis

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